Mi Amigo Enzo

The art of racing in the rain mi amigo enzo
The art of racing in the rain, de Simon Curtis, film que en Perú recibió el simple y artificial título de Mi amigo Enzo, aludiendo al “narrador” de la película: un Golden Retriever al que le presta voz Kevin Costner. Enzo no sólo adora e idolatra a Denny (Milo Ventimiglia), su dueño, sino que también, como lo es él, querría ser corredor de Fórmula 1, o por lo menos participar de la experiencia. Conocemos a Enzo desde cachorro, justo el día en que llega a casa de Denny para convertirse en su mejor amigo. A partir de eso, Enzo no sólo será compañero inseparable, sino también una suerte de testigo/conciencia que observa los avances y eventos de su grata vida con Denny, concluyendo que no existe algo mejor que esa relación entre ambos, enriquecida además por ese otro factor excitante y maravilloso: las carreras de autos, con su velocidad y adrenalina. Y como si tal cosa, Enzo nos entera, temprano en el film, que se siente “más humano que perro”, lo cual casi seguro lo autoriza a filosofar sobre lo que significa “volar” en una pista mientras piloteas un bólido de alguna escudería famosa. Ahora bien: el inteligente can descubre, en paralelo, que todas esas premisas fundamentales “para correr”, por igual aplican y no poco para una vida diaria significativa. Es esto lo que hace que Mi amigo Enzo "The art of racing in the rain" no meramente sea una película “simpática” u “ocurrente”, sino también una de ecos resonantes, a partir de asertos que, más y menos, se sienten esenciales, o al menos dignos de reflexionarse. Así pues, la “sabiduría” canina repercute en un disfrute doble. Recorramos algunas de las perlas de Enzo… Esta, de inicio: “Cuando un piloto tiene el valor de crear sus propias condiciones, la lluvia en la pista se queda sólo en lluvia”. Reconocible y cierta; porque, contando con que surgirán obstáculos, son nuestras previsiones sobre eso que podemos controlar lo que podrá minimizarlos. ¿Y qué tal esta otra? “Los mejores pilotos no se ocupan del futuro o del pasado; los mejores pilotos tienen como único foco al presente”. Por olvidar esto, gastamos mucho tiempo lamentando y aplazando. Y esta: “Nadie sabe qué curvas pueda presentarte la vida”; justo la razón por la cual hay que estar preparados para tomarlas (y acelerando, como se debe). Finalmente, la siguiente: “Cuando corres, tu auto va adonde tus ojos van”; como en la vida, en la que si te empeñas, de común llegas a esas metas en las que has puesto la mirada. Mucha sabiduría, pues, la de Enzo; aprovechada en una película que la encauza a través de una historia de familia, de relaciones, de alegrías y tristezas, de afectos compartidos y de desencuentros inevitables. Y no es que el cine necesariamente deba dar lecciones de vida, pero lo intenta y lo consigue a veces. Mi amigo Enzo como Yesterday es una de esas crowdpleasers que normalmente se agradecen.
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